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NORWEGIAN WOOD

“NORWEGIAN WOOD”

Autor: Haruki Murakami.,

Traductor: Lourdes Porta.

Editorial: Tusquets.

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El éxito inesperado más reciente lleva sellado el nombre de una equívoca traducción Tokio Blues que borra de un suspiro toda la sutilidad que proporciona el maravilloso original, el título también de una de las mejores canciones de los Beatles, si es que eso es decir algo concreto.

Haruki Murakami tiene la facilidad de conectar con el mundo occidental gracias a una educación muy similar a la recibida en otro lugar de oriente por otro contemporáneo llamado Wong Kar-Wai. A ambos la influencia de la cultura pop  (y occidental) en sus vidas un método de expresión de los estados de ánimos del hombre contemporáneo, y en particular a Murakami fruto de esos japoneses nacidos después de la segunda guerra mundial y que no dudan en montar clubs de jazz “a la europea” en el seno de una ciudad tan ecléctica como lo es Tokio.

A ojos de Murakami esta ciudad tiene un significado especial, el mismo que tenía Nueva York para Fitzgerald y Los Ángeles para Chandler, y al  corazón del lector llega toda esta efervescencia que sentían todas las callejuelas japonesas viendo películas de Pasolini y escuchando a Coltrane.

Así pues su narrador es el joven Watanabe, un tipo que imita a Holden Caulfield involuntariamente (la cercanía de Salinger es evidente) y que se ve atrapado por el pasado, por los recuerdos. De eso habla en realidad Murakami con su novela: del peso de los recuerdos para vivir nuestra vida. Atrapado por la esquizofrénica femme fatale Naoko, Watanabe está a un paso de la espiral, por el camino Murakami adopta dos formas narrativas clásicas: la del Gran Gatsby para describirnos la relación que establece a la manera de Nick Carrington su narrador con un compañero de universidad, y En la montaña mágica de Thomas Mann para hablarnos de los misteriosos sanatorios aislados del mundanal ruido donde yace Naoko.

Intensa y bella, su autor nos brinda una característica que luego descubriría como típica: la de obsequiar al lector con un final para dejarle completamente KO, entre sorprendido y exhausto.

Publicada en 1987 no sería hasta 1992 cuando su autor nos brindaría una obra, Añ sur de la frontera, al oeste del sol, plenamente redonda y ya sin ningún altibajo en su engranaje narrativo, ni ninguna dependencia. Pero es imposible dejar escapar este inesperado fenómeno literario y ligarlo a una calidad mala: alejado de los tradicionalistas, Murakami puede conectar con su literatura lo mejor de dos mundos que en el fondo no son tan opuestos como creemos.

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